martes, 1 de noviembre de 2016

Nobody for President

En el muro de Facebook de Abdelilah El Aidi reencuentro este grafiti mítico, que recorrió internet con toda su carga de nihilismo, hoy más que nunca de actualidad:


La pieza original (aunque han circulado varias copias) se encontraba en el aparcamiento de la calle MacDonell de la localidad de Guelph, (Ontario, Canada), como atestigua este blog local sobre grafitis.

El origen de la broma, que no deja de ser una elaborada versión del mito de Ulises y Polifemo, se remonta nada menos que a la película de dibujos animados Betty Boop for President (1932), en la que la sexy protagonista se enfrenta en unos comicios a un tal Mr. Nobody, con los naturales efectos cómicos.


En los años setenta el cómico y activista norteamericano Wavy Gravy retomó la broma en términos parecidos a los de Miss Boop durante la campaña para las elecciones de 1976. Desde entonces, en cada período electoral su web se reactiva con mensajes conformes a la actualidad:


El grafiti de Guelph, según diversas informaciones a las que he accedido, existía antes de 2009 y en 2014 ya había desaparecido. Se había convertido en un icono de la ciudad, pero se encontraba sobre una superficie privada y una reforma se lo llevó por delante cuando ya estaba muy deteriorado; ya se sabe que el grafiti es arte efímero. Pero su mensaje queda en la red de redes y reaparece en infinitas versiones, generalmente durante períodos electorales y asociadas a mensajes anarquistas o antisistema, como esta de 2016:



viernes, 22 de enero de 2016

Contracciones contrahechas

Entre los extranjeros y españoles peninsulares residentes en las Baleares es costumbre adoptar los usos locales y, al nombrar una residencia o establecimiento comercial, emplear la contracción catalana ca'n o can, es decir casa d'En, que significa "casa de" y funciona de manera muy parecida al chez del francés. Tenemos así el restaurante Ca'n Pedro, la chocolatería Ca'n Joan de s'Aigo o el museo Can Morey. Si el nombre empieza por vocal cambia la configuración, como en ca N'Andreu. Y si no es un nombre propio sino común (un oficio, por ejemplo), el artículo deja de ser personal: ca's notari, Ca's Potecari o Ca s'Apotecari... También dicen los catalanes, pero más los mallorquines, ca meva, ca vostra, ca mon pare, etc.

A veces, sin embargo, el extranjero o español peninsular adopta el uso lingüístico sin haberlo asimilado por completo, y deja pruebas. La fotografía, tomada en Ibiza en octubre de 2015, demuestra el desconocimiento de la norma elemental que hace que, cuando el propietario u ocupante que da nombre a la casa o establecimiento es mujer, la contracción no sea ca'n sino ca Na (es decir, casa de Na); así, por ejemplo, la carnicería Ca Na Paulina o el restaurante Ca Na Marga. Lo correcto aquí hubiera sido Ca Na Renata. Ay, estos forasters...



jueves, 21 de enero de 2016

El camello azul y otras hierbas

Carmen Monzó me deja tomar de su muro de Facebook esta foto tomada en diciembre de 2009 en la medina de Fez. Me llama la atención lo abigarrado de la información así reunida: los carteles superponen sus distintos colores, tipografías, formatos, materiales e idiomas -al menos dos- sin más orden aparente que el de llegada, sorteando cableados y otras anfractuosidades del muro. Las flechas en diversas direcciones confieren al conjunto un aire similar al de esos postes indicadores que se plantan en las bases antárticas y que señalan los miles de quilómetros que separan aquellos remotos puntos geográficos de los respectivos lugares de origen de los expedicionarios, como sembrados a voleo por los cuatro puntos cardinales: Toronto, Madrid, Buenos Aires y Arganda del Rey, por ejemplo. Aquí seguramente podríamos sustituir "remoto" por "intrincado" o "laberíntico"; dudo que las flechas puedan serle de alguna ayuda al turista, pero al menos lo intentan. Restaurantes, pensiones, riads, herboristerías... Para mi decepción he comprobado que todos estos establecimientos tan artesanalmente anunciados se encuentran, no obstante, alojados en webs como Trip Advisor. Ya nada es lo que era... Pero los carteles por un momento nos hacen creer que sí y, por lo menos, nos brindan un hermoso regalo para los sentidos.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Prohibido criticar

El detective ortográfico no tendría nada que hacer en este caso, puesto que el infractor confiesa su autoría en el mismo acto en que, lejos de ocultarse, y en abuso de su autoridad y uso de su buen humor, incluye entre las reglas la prohibición de criticar su propia ortografía. Se trata del reglamento de la piscina del Hotel Fortín de las Flores, sito en la localidad homónima del estado de Veracruz (México), y nos presta la foto el dos veces charro Ignacio Martín, que la colgó en su muro de Facebook y certifica que el aviso lleva ahí al menos siete años. Un abrazo, Nachito.


lunes, 17 de agosto de 2015

El detective ortográfico

En cierto comercio de Palma podemos leer el horario de apertura pintado en blanco sobre el escaparate. El comerciante quiso ocultar un grave error ortográfico cometido al rotularlo, pero el detective ortográfico ha identificado el error original en dos rasgos: la pintura diferente de la H inicial y el porte mayúsculo de la O que la sigue. La caligrafía es hermosa, pero no todo reside en la apariencia...



domingo, 15 de junio de 2014

Recordando meteduras de pata

La designación política por derecho de consorte no fue inventada por el matrimonio Aznar. Hay que recordar que, muchos años atrás, la primera esposa del entonces presidente González, Carmen Romero, se avino a esa cosa tan poco higiénica que es presentarse a unas elecciones para las que el partido dirigido por el propio marido elabora las listas y decide quién sale y quién no sale gracias a una ley electoral que maniata la voluntad del elector; y, sorpresas de la vida, resultó elegida diputada por Cádiz en 1989.

Doña Carmen se hizo célebre por sentarle precedente no solo a doña Ana Botella, sino también a la ministra Bibiana Aído, autora de otro dislate de género muy recordado. En un mitin, la sevillana aludió a los asistentes de menos edad por medio del binomio "jóvenes y jóvenas". Hubo entonces quien la justificó suponiendo un ánimo irónico en la frase pero, conocida la pertinacia de la izquierda española en ignorar la gramática en materia de género, lo dudo mucho. La cuestión es que aquella atrocidad permanece en el recuerdo del hablante español, que para otras cosas gasta poca memoria, pero que para las meteduras de pata ajenas la tiene infinita y cruel.

Hace una semana volvimos a la Sala Clamores, uno de los locales históricos de la noche madrileña. Muy simpática, por cierto, La Bossa Mayor; y Elena Lledó y su voz, preciosas. El acceso a los baños de aquel templo de la música recuerda aún hoy el tropezón de la diputada Romero, en homenaje a una mujer oscurecida por la sombra gigante del que fue su marido y a la que todos deseamos sinceramente la victoria en su actual, durísima peripecia vital. Mucha suerte.



domingo, 8 de junio de 2014

Dobles sentidos

Este rótulo se encuentra en Brighton, en Lewes Road. El nombre del local está claro y va acompañado de la correspondiente silueta del ave: Casa de la Golondrina, un nombre bucólico y muy adecuado para un negocio de comida china para llevar.



El problema es que la palabra swallow tiene dos significados que nada tienen que ver: "golondrina" y "tragar". El doble sentido debió parecerle ingenioso al dueño del local, pero mis hijos, siempre que pasamos por delante (está de camino al centro de la ciudad) imaginan un local lleno de chinos devorando platos y más platos de comida humeante... Casa de los tragaldabas sería una buena segunda traducción.

(De hecho, existen varios restaurantes chinos en el Reino Unido con este nombre.)

domingo, 27 de abril de 2014

Los grafitis de Kensington Street

Uno de los atractivos de Brighton es su abundante colección de arte callejero. Junto a los grafitis más o menos improvisados, amateurs o simplemente vandálicos, encontramos por doquier muestras de street art profesional, ya sea espontáneo ya encargado por comercios o por las autoridades locales. En traseras escondidas o sobre las cabinas de conexiones telefónicas, en solares más o menos ruinosos o en las fachadas de las calles más céntricas, el ayuntamiento de Brighton & Hove comprendió pronto la utilidad de estas manifestaciones de arte popular y trató de hacer piña con sus autores y usuarios. El resultado es que algunos rincones de la ciudad han pasado de ser deteriorados escenarios del tráfico de drogas a rincones llenos de luz que atraen el comercio y el turismo. Son frecuentes en Brighton los establecimientos comerciales decorados en su exterior de acuerdo con este estilo, muy relacionado con otros fenómenos de la cultura pop como el tatuaje y el piercing, el uso recreativo de las drogas, el cómic, los videojuegos, el hip hop, la música house, el surf, el diseño gráfico o la moda. El grafiti ha sido protagonista incluso de homenajes oficiales, como el dedicado en 2011 por la ciudad a la activista birmana por los derechos humanos Aung San Suu Kyi; pero, sobre todo, es uno de los atractivos turísticos más evidentes para los visitantes de la ciudad.

Aun cuando se trata de un arte anónimo y de carácter eminentemente efímero, en las calles de Brighton podemos admirar también obras más o menos perdurables de artistas identificados, tanto nacionales o internacionales, tan consagrados como Banksy, Snug, Odisy o Aroe, atraídos por una atmósfera decididamente hospitalaria para su actividad. Uno de los lugares de mayor concentración grafitera es Kensington Street, una calle corta del barrio comercial de North Laine sembrada de solares a los que se da uso de cochera al aire libre, cuyos límites son las traseras de edificios con entrada por la calle paralela: un paisaje que resultaría desalentador de no ser por la actuación de estupendos grafiteros. Podremos admirar un homenaje al artista, diseñador y gestor cultural local Mark Crook, reciente y tempranamente fallecido, vecino de otro gigantesco dedicado al padrino del funk, James Brown; un tremendo mural de 2008, fruto de la colaboración de Odisy y Aroe, en el que estos grafiteros brightonianos representaron a los miembros de una banda de rap de los ochenta, Run DMC, como piezas sobre el tablero de ajedrez, y a su líder, Jam Master Jay -asesinado algunos años antes-, como jugador y poco menos que demiurgo; o un escenario selvático, que resuelve magníficamente las irregularidades constructivas del plano, poblado de tótems y personajes a medio camino entre la rave party y la videoconsola: un mundo que sin duda me queda lejos, pero al que no puedo dejar de reconocer cierto orgulloso virtuosismo.






















sábado, 29 de marzo de 2014

Tres inscripciones funerarias

Los lectores de este blog ya conocen mi afición por los cementerios. No tenía mucho sentido que, viviendo a dos manzanas de la entrada del cementerio de Brighton, todavía no lo hubiera visitado, quizá por aquello de que uno siempre va postergando aquello que tiene más cerca o es más fácil. Hoy lo hice parcialmente, aprovechando una mañana espléndida de sol. La amplia lengua de terreno que separa Hartington Road de Bear Road se va elevando suavemente hacia las cotas de Race Hill y ofrece al visitante, de un lado, una enorme extensión de sepulturas -no especialmente llamativas, relativamente recientes- dividida en varias secciones: el suelo consagrado y el no consagrado, el cementerio municipal y el comarcal, el judío..., todos formando una unidad bastante homogénea y ordenada que nada tiene que ver con los pequeños camposantos, más coquetos, que rodean las iglesias. En dirección contraria, se puede abarcar una hermosa vista de Round Hill.

De la miríada de inscripciones a las que cabría buscar sugerencias, me detendré solo en tres. La primera, por su abrumadora concisión, que contrasta con la proliferación verbal y ornamental que caracteriza otras tumbas: los Loxley destacan en el epitafio compartido aquello que les interesaba recalcar ("Brevemente separados, pero de nuevo juntos") y luego callan. Hay que destacar, no obstante, el hecho de que el mensaje incluya una falta de ortografía: así, el matrimonio parece decirnos: "juntos... e iletrados para toda la eternidad". Pero habrá que atribuírselo al marmolista; probablemente -a juzgar por la inscripción- no había hijos que se percataran del detalle y se encargaran de corregirlo.



Con otro estilo, una tumba familiar no muy lejana me llama la atención por el gusto de los supervivientes por los versos fúnebres. Reproducimos aquí las coplas dedicadas al padre muerto por su viuda y sus hijos respectivamente pero, sobre todo, queremos aportar con los versos de los hijos a su madre (y ya me perdonarán la maldad) la prueba de que un ripio solemne puede arruinar el tono más elegíaco y luctuoso y prestarle inesperados matices cómicos.




Por último, el paseo por la sección que constituyó el viejo cementerio de Brighton y Preston sorprende con una tumba sencilla, evidentemente renovada no hace mucho, que guarda los restos de un militar norteamericano. Allí reposa Henry Holden, muerto en 1905, y en su lápida constan la mención y el emblema de la Medalla de Honor que recibió por su participación en las Guerras Indias y el cuerpo al que perteneció: el mítico Séptimo de Caballería, ese regimiento que en los westerns llegaba al galope en el momento más apurado para el protagonista, espoleado por el son de una corneta inconfundible. El mismo que sufrió la mayor derrota del ejército de los Estados Unidos a lo largo de su conflicto contra sus aborígenes: Little Big Horn (1876). Al leer la lápida he recordado inmediatamente la figura de Errol Flynn interpretando al teniente coronel Custer, asediado por los sioux en su célebre last stand junto a sus valerosos soldados; se me ha venido a las mientes la pegadiza melodía del Garryowen, con sus connotaciones marciales... Y me he preguntado qué hace un héroe americano, condecorado con la máxima distinción militar de aquel país y superviviente de su mayor derrota, enterrado desde 1905 en Brighton.



No lo esperaba, pero hay toda una historia recopilada por Peter Groundwater Russell, aunque muy inconexa y llena de lagunas, que habla del personaje: de su brumoso origen inglés; de su paso por la Guerra de Secesión y por las Guerras Indias, de las que salió indemne; del valor demostrado más allá del deber en la trágica jornada de Little Big Horn, por la que obtuvo su medalla; del malhadado accidente que lo inutilizó pocos años después para el servicio militar -la coz de un caballo y la fractura de tibia que lo dejó cojo de por vida-; de su vuelta a Inglaterra, no sabemos cuándo ni por qué razones, y su retiro en Kemp Town con su pensión norteamericana de veterano de guerra; de sus dos matrimonios; de cómo sus herederos enviaron la medalla de vuelta a los Estados Unidos para que fuese exhibida en uno de esos memoriales de héroes a los que son tan aficionados los yanquis...

Sin embargo, todos esos datos -con serlo mucho- me resultan menos sugerentes que la misma evocación que la sola lectura de unas palabras inscritas en una lápida es capaz de suscitar en mí. No cabe duda: más que el recuerdo que dejamos, somos lo que recordamos -mientras lo recordamos. Y nada nos aclara mejor esa lábil naturaleza nuestra que las lápidas de un cementerio.

lunes, 10 de marzo de 2014

Scrabbleman

Desde principios de abril de 2012, las calles de las localidades de Hastings y Saint Leonards fueron progresivamente intervenidas por un artista local que nunca se dio a conocer y que la prensa designó como Scrabbleman. En diversos lugares públicos aparecieron placas de resina con textos incrustados, compuestos con piezas de Scrabble. Próxima al graffiti, estas piezas de street art incluyeron elementos éticos, humorísticos, crípticos, personales... redactados a veces en idiomas extranjeros. En esta manifestación habría que comentar la virtualidad de las piezas de Scrabble como elementos de composición gráfica, su parentesco con los viejos tipos de imprenta, la importancia simbólica de la valoración numérica de las letras del famoso juego de letra en un nuevo contexto artístico y ético, el anonimato, la semántica romántica y anticonsumista, la autorreferrencialidad y la seriación en relación con la localización de las piezas, la condición efímera o duradera de este tipo de manifestación, las distintas modalidades de recepción por parte del público habitual, del consumidor de arte, del lector casual, del turista...

El 20 de abril del mismo año Scrabbleman ya era noticia en el Hastings & St. Leonards Observer y pronto numerosos medios locales y nacionales se hacían eco del misterio. De entonces acá se han publicado varios recorridos (como este) con interpretaciones de todo tipo, pero nadie ha podido averiguar el nombre del (o de la) responsable de unas escrituras expuestas que han pasado a formar parte del atractivo de Hastings y del contenido de sus guías turísticas.

"Te quiero, cara de mono"

sábado, 18 de enero de 2014

Sordidez

David Fernández nos presta esta fotografía que publica hoy en su Twitter. Íbamos a decir algo, pero con su comentario basta y sobra: "Los anuncios de los presidentes de comunidad. Esa sordidez." Percátense del reciclaje de papelería e intenten encontrar una explicación a la diéresis, cuya curiosa fenomenología ya comentamos no hace mucho en otra entrada.

miércoles, 8 de enero de 2014

Con flores al ministro

Vivimos tiempos achuchados y no parece que los ciudadanos yerren al atribuir la mayor parte de sus males a quienes dicen gobernarles. Dadas las grandes posibilidades combinatorias del apellido del actual ministro de Educación, en su caso es casi obligado el juego de palabras, que suele rozar con la antonomasia.

Se ve que el rótulo comercial -inscrito en el toldo de un quiosco en desuso de la Plaza Lealtad de Madrid- inspiró al autor del grafiti, que no se reprimió de enviarle sus propias flores al ministro Wert. La foto es de diciembre de 2013.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Esas diéresis

La relación de los españoles con la diéresis es peliaguda. Daniel Terrasa nos recuerda este toldo rotulado que llevamos toda la vida viendo en la calle Sindicato de Palma. La diéresis errónea forma ya parte de esta antigua marca, y así se reproduce siempre en su publicidad.



viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Solidaridad o inversión?

Miguel Ángel Quintana Paz encontró el cartel que sigue el pasado 1 de septiembre en el escaparate de una tintorería de Portland, Oregón, lo fotografió y lo colgó en su muro de Facebook:


Complace comprobar que las escrituras expuestas son, en muchas ocasiones, un espacio para la solidaridad. La traducción del texto es la siguiente: "Si estás en el paro y necesitas un traje limpio para una entrevista, aquí te lo limpiamos gratis". Y el comentario de Miguel Ángel este: "Cosas como esta me hacen AMAR América. No hace falta un gobierno que lo abarque todo: la gente ayuda a la gente cuando existen la libertad y la humanidad". 

Tiene toda la razón, aunque creo que tampoco hay que desestimar el ingrediente mercadotécnico: aparte el efecto publicitario directo del discurso solidario sobre los lectores del cartel, es muy fácil que un desempleado que en efecto reciba este apoyo y gracias a él consiga trabajo se convierta en nuevo cliente de la empresa y cante activamente sus excelencias a quien le quiera escuchar. Se trataría de una inversión a corto y medio plazo. Una inversión en confianza. Pero, asumiendo incluso el más frío cálculo, no quedan muchas dudas de que la libertad económica no solo genera riqueza, sino también compromisos éticos, confianza, respeto y, por tanto, más libertad.

jueves, 14 de noviembre de 2013

La tumba de un estoico

En el cementerio civil de La Almudena (Madrid) se encuentran algunas joyas del ateísmo patrio. El paradójico epitafio fue formulado con algo más de precisión por Séneca ("Post mortem nihil, ipsaque mors nihil"); hay que pensar que en 1842 el difunto L. Meneses Puertas dejaba atrás una España poco comprensiva con sus principios filosóficos. La foto es del blog de Miquel Veny: gracias.


viernes, 18 de octubre de 2013

La memoria inscrita del cricket

Una de mis rarezas, aunque en este caso sea puramente transitiva, es que conozco al que posiblemente sea el único español que no solo sabe diferenciar un bate de cricket de una tabla de lavandera, sino que incluso conoce y disfruta ese deporte hasta límites impropios de un hispano. Desde que soy el dealer de artículos de cricket de Johannes A. von Horrach, mi relación con ese juego ha cambiado. No puedo decir que haya entendido nada de esta actividad misteriosa, propia de británicos e indostaníes muy capaces de hacer durar un encuentro hasta cinco días para acabar empatándolo; pero, al menos, la presencia del cricket en esta ciudad no me pasa tan inadvertida como antes.

Hoy mismo, teniendo que resolver una cuestión administrativa en el centro municipal de atención al ciudadano, sito en Hove, me encontré muy cerca de la sede del Sussex County Cricket Club, así que me acerqué a visitarla y comprar en la tienda algún artículo que alimentase el fetichismo de mi amigo.

Sussex County Cricket Club: Spen Cama Pavilion, octubre de 2013.

El campo del Sussex County Cricket Club

Lo que he encontrado es que, a la entrada de este edificio muy recientemente remodelado, el club ha instalado lo que ha dado en llamar la Player's Piazza. En la entrada anterior, a propósito del castillo de Lewes, comentábamos esa forma de financiación que consiste en vender ladrillos inscritos a personas, empresas y colectivos y recaudar así fondos para elevar un monumento, reformar una vieja arquitectura, sufragar una nueva o financiar un charity. Es este el caso: la Player's Piazza está embaldosada con los nombres de algunos de los hasta 701 miembros de los Sussex Sharks del presente y del pasado, asociados de por vida a los de quienes contribuyeron en este proyecto. Una empresa local se dedica a grabar los ladrillos mediante encargo en línea.




Cien libras más IVA permiten a unos dejar testimonio imperecedero de su amor; a otros, recordar para siempre a un ser querido que falleció; a las empresas, hacerse una publicidad muy duradera; y a los seguidores del club, en general, publicar de forma indeleble su adhesión al club o su admiración por una particular estrella. Todos los beneficios de esta iniciativa, como explica esta web, sirven para colaborar con la fundación solidaria del club, el Sussex Cricket in the Community Trust.

La Player's Piazza a la entrada del Spen Cama Pavilion, octubre de 2013.

Player's Piazza (detalle).